//
La muerte de un Diez perfecto en Alejandro Aura

Por Gabriel Vega Real

Aviso. Queridos todos, nos tuvimos que encerrar en el hospital. No teníamos Internet y se me perdió por completo el orden del pasar del tiempo. Por fin Milagros lo conectó. Mañana les contamos cómo anda la cosa.>> 29 de julio de 2008.

No he querido saber, pero he sabido. El 30 de julio de 2008 de un año que si lo ordenamos, nos daremos cuenta de que no era un año cualquiera, de esos que se ven en los calendarios cada día de todos los días. Por inicio debemos retirar los ceros, que para descubrir lo que el año le tenía preparado a Alejando, carecen de valor, queda una dualidad: el 2. Advierto, si me leen demasiado cursi, todavía están en posibilidades de ignorarme y buscar una reseña más sesuda o leer de lleno la poesía de Aura. El 8 es la evolución. Es el número de la regeneración porque su cubo es igual a 512, que al sumarse (5+1+2) da otra vez 8. Número del primer cubo que tiene 8 esquinas y es el único que es divisible varias veces, puesto que el 8 se divide entre 2 y da 4, éste se divide a su vez y da 2, y el 2 dividido da 1, estableciéndose así la Mónada pitagórica. Aclaro Mónada es cada una de las sustancias indivisibles, pero de naturaleza distinta, que componen el universo, según el sistema de Leibniz, filósofo y matemático alemán del siglo XVII. Sólo para terminar mi aclaración, esta Mónada sigue la opinión filosófica de Pitágoras. Doy estos datos para aclarar que: no he querido saber, pero he sabido que Alejando Aura murió dos días después de dirigirse a sus Queridos todos:

Domingo de perdón. Hay días en que el ramalazo es tan fuerte que no sabe uno cómo esquivarlo, y eso me pasó ayer: me vino de pronto un malestar profundo por dentro y por fuera, dolores, incomodidades, tensiones, tristeza (mucha), desesperanza, y todo se juntó en un haz de porquería de comportamiento que hizo sufrir mucho a Milagros porque la pobre no sabía qué hacer, cómo contentarme, cómo ayudarme a encontrar algún alivio. Hoy le pido perdón por escrito, porque me cae que no se lo merece. Y buscando cómo remediar la cosa –algo tengo que hacer, me dije, no puedo seguir por esta pendiente hasta donde le dé la gana- dormí lo mejor que pude; apagué la luz temprano y recogí cada pizca de sueño que pudiera encontrarme por ahí; total, pensé, si me despierto muy temprano en la mañana me pongo a leer o a ver qué invento; sin ansiedad esperé cada vez a que el cuerpo solito se aflojara y cayera de nuevo en otro rato dormido, así que por la mañana, cuando nos dimos por despertados, después de haber acabalado bastantes horas de andarse paseando por los parque oníricos, ya se puede decir que había cumplido suficiente como para haberme repuesto y para dominar el humor. ¡Qué otra cosa!

Y hoy domingo me tengo hecho el propósito de pasarla lo mejor que se pueda. Y también para no estarles dando a mis interlocutores esas señas tan equívocas: que puedo seguir escribiendo pero que no puedo ya con el poema, y no sé qué que dije ayer. Pero eso sí es cierto, y lo dije con la mayor seriedad; la verdad es que los cantos rodados me obligan a ponerme en un campo de batalla, el sitio de trabajo, y eso, aunque lo haga lo más relajado posible, representa de todos modos un esfuerzo de concentración que requiere energía, y ahora sí no tengo. Mejor me sigo con la lectura de las estupendas novelas de Henning Mankell que estoy leyendo. Tratan de un policía sueco y la resolución de sus casos cotidianos pero en realidad son creaciones literarias de gran alcurnia. Me entretienen mucho porque los casos son complicadísimos y muy fuera de serie, las motivaciones de los asesinos no son las tradicionales sino unas rarísimas que de plano le quitan a uno las ganas de adivinar quién es el asesino para hundirlo en unos documentos de comportamientos humanos muy extraños y enriquecedores. Así que bien contento estoy de haber encontrado a este autor.

Con lo que aprovecho para desearles buen domingo. Que les dé sabroso el sol y que tengan brisa para refrescarse.

Es probable que en este punto me debiera referir a su vida como producto de una familia humilde, que vivió muy de cerca el estallido social del 68 y todas las cosas que transitó en su vida, pero se me hacen ociosas, eso lo voy a dejar para los historiadores o para los periodistas, en este momento me voy a referir al día y hora de su muerte: 30 de julio de 2008, a las 4:30 de la tarde, hora en que se abren las puertas de la gloria. Un poeta vive a través de significados y significantes, si me pongo a aclarar estos dos conceptos, es seguro de que si me soportaron en el desglose anterior, en este momento van a botar al carajo mi escrito. Vamos de lleno. Una dualidad y la evolución del 8 suman el 10 con el que deben morir todos los poetas. No creo en el Tarot ni en cosas mágicas, me niego a encender incienso y a pensar que si esta vida, la dejo llena de porquería, en otra voy a regresar para limpiarla. Les pido que me tengan paciencia, estoy buscando el significado y el significante del año de la muerte de Alejandro. Según el Tarot, la carta número 10 simboliza “La Rueda de la Fortuna” y, por tanto, la evolución, ya que cada giro representa una nueva oportunidad, el poeta encuentra la oportunidad suprema en la muerte, a la que Alejandro invocó desde Las casas terrestres; poema que desvela el significado y el significante de su muerte. El 10 del año de la muerte de Alejandro Aura tiene un significado, pero está pletórico de significantes. Sus cenizas fueron revueltas con cemento, agua, arena y mezcal, tal como lo invocó en uno de sus poemas; Volver a casa, si me equivoco que alguien me corrija, con el que ganó el Premio de Poesía Aguascalientes.

El mejor homenaje que se le puede rendir a un poeta es con su poesía; lo demás es lo de menos. No hay más que decir. Ni significado ni significante, ni hablar de dualidades, de cubos o de Mónadas pitagóricas, eso sólo fue el pretexto para recordar que también voy camino a casa. Gracias Alejandro: Allá nos vemos. Gabriel Vega Real.

Volver a Casa

Alejandro Aura

O aquí pondré mejor lo que quiero hacer
cuando me muera: échame en la gran boca
de una revolvedora de asfalto
para volverme sin que nadie sepa
calle, o plaza, o edificio.

Comentarios

5 comentarios en “La muerte de un Diez perfecto en Alejandro Aura

  1. ¡Qué excelente manera de reaparecer, hermano! Ya me tenías preocupado, y, aunque la desazón no desaparece del todo pues hablas aquí de hospitales y otras cosas tétricas, suspiro aliviado ante tus letras, siempre tan propicias para la reflexión y el gozo.

    Te felicito por la calidad del texto pero también por la grandeza de ánimo que te lleva a rendir homenajes en lugar de buscar los propios. Por aquí nos vemos, claro que sí, y, por favor, mantenme al tanto de todas tus correrías por estos rumbos literarios (está pendiente un libro tuyo, creo).

    Recibe todo mi afecto desde Aguascalientes.

    Publicado por Carlos A. Franco | 20 enero 2010, 3:33
  2. Mi querido Carlos, de verdad se me han ido los días sin sentir cómo corre el timepo. Te debo decir que ayer tuve un viaje en taxi que no voy a olvidar, recogí, en el camino, todas las cosas que había dejado huir por cualquier ventana. Inicié el año con la mira puesta en no asomarme a ninguna ventana. Probablemente la depresión navideña o no sé que cosa me arrojó un montón de cosas indeseables. El año amaneció como esos días en que se esperan malas noticias, sin embaro, ayer, hoy decidí abrir la puerta para atender los asuntos de los amigos, primero los amigos. Muchas gracias por tus palabras, hermano. Me pongo en contacto de inmediato contigo.

    Un abrazo

    Gabriel

    Publicado por Gabriel Vega Real | 20 enero 2010, 4:32
  3. Somos un instante que rueda sobre la arena del mundo, un vaivén, el bullicio de una pluma que merodea por ahí haciendo más ruido que letras. Ondas de vértigo que de vez en cuando elevan al viento unos minúsculos granos de polvo, en la ruta se mezclan con la lluvia de voces para construir una historia. Aquí estamos, instantes compartidos, en los muros de la amistad. Hilda

    Publicado por Hilda Figueroa | 25 enero 2010, 0:34
    • Mi querida Hilda, gracias por este manojo de versos. Efectivamente, aquí estamos en los muros de la amistad. Un abrazo enorme hasta Guadalajara.

      Publicado por Gabrie Vega Real | 4 febrero 2010, 1:14

Trackbacks/Pingbacks

  1. Pingback: Cuando un poeta muere, mueren las palabras « Literactivo - 19 enero 2010

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Recomendación de la semana

"Piedra de Sol", Octavio Paz

Yasunari Kawabata

Tips literarios

Error: Twitter no responde. Por favor, espera unos minutos y actualiza esta página.

Archivo de entradas

Escribe tu dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

Únete a otros 7 seguidores

Lo que + te gusta

  • Ninguna
A %d blogueros les gusta esto: